Reconciliación. Un llamado al Corazón de Argentina

 

     Argentina, una sociedad multiétnica y multicultural, con suficiente potencial humano como para constituirse en una auténtica comunidad sustentada en el nuevo paradigma de Unidad en la Diversidad, está siendo hoy inducida a segregarse ideológicamente.

       Nacida con el estigma de la división y el enfrentamiento, el péndulo que rige el devenir histórico de Argentina se ha ido acelerando cada vez más, hasta llegar a estos días donde ya no oscila entre medios grises, sino entre dos extremos bien diferenciados. Se ha llegado así a la máxima polarización de la ciudadanía; y por lo tanto, nos hemos situado al borde del abismo que preanuncia la inminente ruptura del delgado hilo que mantiene unida la trama social de quienes conformamos esta Nación.

       Alimentada desde lo mediático hasta la saturación, ya no hay lugar donde refugiarse del clima de tensión al que estamos siendo sometidos permanentemente. Las calles, las escuelas, los templos, el trabajo, la oficina, los comercios, la radio, la televisión, las redes sociales, las familias; todo está siendo infectado por el odio y el resentimiento, cual infección que avanza avasallante.

       Sin embargo, esta situación de inminente peligro no es producto de la sociedad; el pueblo no busca su división, ni la quiere. No obstante, es conducido desenfrenadamente hacia ella, porque aún permanece dominado por el viejo paradigma de la manipulación de masas, del que siempre se valen aquellos que solo buscan beneficiarse de la situación.

       Así fue, que desde el mismísimo día en que decidimos ser independientes, los argentinos siempre hemos venido siendo manipulados a través del tiempo como a los personajes del famoso film “The Truman show”, haciéndonos vivir en una falsa realidad controlada a través del miedo, de la economía y del manejo de la información.

       Es tiempo de buscar la verdad, de despertar, de “ver” aquello que por miedo, comodidad, ignorancia o complicidad, negamos y ocultamos bajo el manto del estrés. Es tiempo de hacer visibles a los verdaderos poderes que buscan nuestra disolución como Nación, y se encuentran tanto dentro del gobierno, como en la oposición y la misma sociedad civil, disfrazados de pastores del rebaño cuando en verdad son exactamente todo lo contrario.

       Hace unos treinta años comenzamos a despertar del control por el miedo que nos impusieron el terrorismo y las dictaduras; hace poco más de diez, del control ejercido a través de las prácticas del neoliberalismo. Y ahora estamos a punto de despertar del enorme control que a través de los medios de comunicación, en todas sus formas y contenidos, se ejerce sobre la ciudadanía para mantenerla dormida, “entretenida” y sometida a la antigua doctrina del eje del mal, hoy devenida en una falsa lucha de clases que no tiene resolución desde el viejo paradigma de la política de partidos y coaliciones, la que solo nos somete a vivir cíclicamente bajo un extremo u otro.

       Cómo en la novela “1984” de George Orwell, donde los poderes mundiales bombardeaban sus propias fronteras para mantener sometido a su pueblo a través del temor de la guerra; nosotros estamos siendo “bombardeados” permanentemente con desinformación con el objeto de mantenernos sometidos a una falsa realidad mundial, que ya hace agua por todo el globo.

       Si aunque sea por un instante, pudiésemos ver y escuchar sin posicionamientos ideológicos tanto los programas periodísticos oficialistas como opositores, descubriríamos que independientemente de las denuncias y reclamos, ambos extremos del péndulo son producto de esto mismo. Ambos dicen medias verdades sobre muchos temas, ambos denuncian posibles hechos de corrupción, y ambos desarrollan sus informes desde su propia perspectiva, enfatizando solo aquella parte de la verdad que se quiere percibir y se pretende transmitir.

       No obstante, tampoco son los periodistas, ni sus equipos de producción, los culpables de nuestra acérrima división; ellos también son víctimas de esta perversa lucha por el poder, donde el único ganador es la corrupción que carece de toda ideología, y por supuesto, quienes con esa práctica ilegal se enriquecen.

       La ciencia dice que el único punto del péndulo que no está sujeto al vaivén, es el centro alrededor del cual oscila. La espiritualidad nos dice que el único sitio que no está sujeto a los vaivenes de la mente es nuestro corazón. Ambos centros representan un nuevo punto de encuentro para dar nacimiento a la Argentina del siglo XXI.

       Así, cuando asimilamos las noticias desde el corazón, ambas caras de la realidad política se presentan como una única moneda, y entonces surge la verdad como composición de ambas visiones enfrentadas. La Reconciliación de ambas miradas hace visible una Realidad que pone al descubierto la corrupción y la mentira, tal como un mago que revela sus propios trucos. Entonces se desvanece el odio, y el reclamo se torna en un solo grito que clama por ¡Justicia!

       La Reconciliación es más que conciliar las partes, es una práctica de sanación de la sociedad, cuyos efectos benéficos hemos podido apreciar a través de la vida de grandes seres humanos, como Mahatma Gandhi, Martin Luther King y Nelson Mandela; quienes contribuyeron a la Unidad y Liberación de sus pueblos mediante prácticas que supieron cambiar la historia del mundo.

       Del mismo modo, hoy el destino deposita en nuestras manos la posibilidad de cambiar la historia de Argentina. Ya no se trata de ser K, o anti-K; se trata de ser honesto, de ser coherente, de decir la verdad. Se trata de anteponer el Bien Común a nuestros propios intereses. Se trata de salirnos del juego de la bipolaridad para ingresar en el de la Unidad en la Diversidad; y eso requiere asumir cuánto hay de verdad y de engaño en cada uno de nosotros, y en cada acto que realizamos.

       Todavía hay esperanza, aun estamos a tiempo de revertir todo el odio que se ha sembrado. Basta de agravios, insultos, defensa incoherente de la verdad revelada, ocultamiento de datos, manipulación de las noticias.

       ¡Basta!, abandonemos los personajes que nos hemos creado y recuperemos nuestro Centro, cambiemos de perspectiva. Dejemos de vernos a través de todo aquello que nos hace diferente del otro y comencemos a percibir todo lo que nos une y nos convierte en esta maravillosa nación; porque hoy no solo está en juego el futuro de Argentina, sino que también está en juego nuestro propio destino.

       Por ello, le pido especialmente a cada periodista que haga centro en su Corazón, que reflexione sobre el poder que sus comentarios ejercen sobre la sociedad, que sea verdaderamente “independiente” de su fuente de trabajo, del gobierno, de la oposición, de las empresas auspiciantes, de sus propias aspiraciones personales. Y que cambie su discurso y contribuya a promover la Reconciliación de todos los argentinos como fuente de Vida y Garantía de nuestra verdadera Libertad.

       Argentinos, despertemos del ensueño en que nos someten quienes pretenden controlar y manipular nuestras vidas. No se trata del 13-S, ni del 7-D. Es más, muchísimo más trascendente que todo eso junto; tiene que ver con la Ley que rige los ciclos históricos de la humanidad.

       Casi todo el mundo sabe que vamos a un cambio de época y de paradigmas, pero lo que muy pocos saben, es que el actual gobierno tiene la posibilidad de poner fin en 2015 a un ciclo de tiempo fractal iniciado en 1810, cerrando así un pasado de más de doscientos años de desencuentros; y habilitando el Bicentenario de nuestra Independencia como la puerta de acceso a una Argentina diferente.

       Como investigador he descifrado la ley matemática inscripta en el calendario maya que describe los ciclos de Tiempo Fractal que rigen el nacimiento, apogeo, derrumbe y caída de todos los imperios, de todas las naciones y de toda civilización.

       He podido constatar el ritmo de la historia, la sincronía de acontecimientos que relacionan nuestro presente con el pasado. He observado coincidir el atentado a las Torres Gemelas con la redacción de la Constitución de los Estados Unidos, el derrumbe económico de octubre de 2008 con la crisis de 1929, la Primavera Árabe de comienzos de 2011 con la llegada al poder de los dictadores que cayeron.

       Los ciclos cierran, nada ni nadie está exento de ello, como tampoco lo están nuestros gobiernos. Cada uno cosecha lo que siembra, y no siempre cosechamos lo que creemos haber sembrado, sino lo que realmente se sembró.

       En nuestro caso, Néstor Kirchner llegó al poder coincidiendo con 1820, años de la gesta emancipadora de América que se ha traducido en la creación del UNASUR, pero también años de división entre unitarios y federales que se ven reflejados en las dos visiones que hoy enfrentan a los argentinos. De modo similar, el primer gobierno de Cristina Fernández asume coincidiendo con 1912, fecha del famoso Grito de Alcorta y el nacimiento de la Federación Agraria, auspiciando así los conflictos que se suscitaron con el campo; mientras que el segundo mandato se inicia coincidiendo con 1992, fecha donde comienza a regir el 1 a 1 con el dólar, siendo esta vieja energía la que hoy provoca la reacción popular ante la restricción cambiaria.

       Por éste tipo de cuestiones es que La Ley del Tiempo no se puede torcer a nuestro beneficio, ella es como una autopista que podemos recorrer rápido o despacio, por izquierda o por derecha, pero siempre dentro de su traza. Por ello debemos comprender que NO se puede imponer un “Modelo” a costa de la división del pueblo, del mismo modo que ningún sector del pueblo tiene derecho a destituir un Presidente por no estar de acuerdo con su gestión. Todos estos desvíos o errores quedan registrados y SE PAGAN.

       Por todo esto, es sumamente importante llamar a la Reconciliación de la Argentina, para proteger la democracia, respetar los ciclos de gobierno y generar una nueva Cosmovisión de Futuro en Paz, en Unidad y en sintonía con los nuevos paradigmas que ya están entre nosotros.

       Una Cosmovisión es mucho más que una plataforma político-ideológica; es un ADN colectivo que gesta una comunidad en todos sus niveles, municipal, provincial, nacional, regional y planetario. En ella confluyen el pensamiento sistémico, la teoría de redes y nuestra consciencia en todos sus niveles. Con ella desaparece todo lo que nos separa y surge ante nuestros ojos todo aquello que nos une. La Cosmovisión pertenece al dominio de la Antropolítica y la Democracia Cognitiva de Edgar Morín, y se hace manifiesta a través de BIO-redes humanas donde prima el Amor en lugar del odio y el miedo.

       La decisión final es sólo nuestra, al igual que nuestra cosecha. Sembremos con Sabiduría.

       Con la esperanza que éste mensaje llegará a tiempo al Corazón de cada Ser Humano, hago entrega del mismo con Amor y Gratitud a todos los Ancestros que me han permitido recordar éste antiguo conocimiento para que sea empleado para bien de Toda la Humanidad.

 

Raúl Nicolás Amato

 Miembro del Consejo de Paz de la República Argentina

 Embajador de Paz (distinción otorgada por Mil Milenios de Paz y Fundación PEA)

 Autor del libro “Tiempos de transformación. Una nueva Cosmovisión para toda la humanidad”

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